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IBÁÑEZ DE SEGOVIA, Gaspar, Historia de la Casa de Mondéjar

José Ramón López de los Mozos publica en Nueva Alcarria el 24 de junio de 2016 la siguiente crítica sobre el libro: IBÁÑEZ DE SEGOVIA, Gaspar, Historia de la Casa de Mondéjar (transcripción, estudio y comentario de A. García López)

IBÁÑEZ DE SEGOVIA, Gaspar, Historia de la Casa de Mondéjar (transcripción, estudio y comentario de A. García López), Guadalajara, Editores del Henares, 2015, 111 + CDXIII + 16 pp. [ISBN: 978-84-606-7416-0]. Obra patrocinada por Fadeta.

En primer lugar tenemos que felicitar a FADETA por haber patrocinado la edición de este monumental volumen de Gaspar Ibáñez de Segovia, titulado Historia de la Casa de Mondéjar escrita para el marqués de Valfermoso por el marqués su abuelo, que hasta ahora se conservaba en tres manuscritos, dos de ellos incompletos, pertenecientes a la Biblioteca Nacional (3.315, de hacia 1696 y 457 folios y 10.670, consistente en un tomo de 238 hojas, que llega hasta el capítulo V del libro III, fechable a partir de 1701) y un tercero, de la Real Academia de la Historia, que consta de tres volúmenes en 4º. y 750 páginas, que es copia del original y, hasta ahora, el único completo.

El libro se divide en dos partes netamente diferenciadas y claramente visibles gracias a la diferencia de colorido del papel empleado en su edición. 

A su vez, dicha primera parte se subdivide en tres capítulos. En el primero se recoge con gran amplitud y detalle la biografía de don Gaspar Ibáñez de Segovia, editada en 1690, que anteriormente ya se tenía noticia, aunque tímidamente, en las Noticias genealógicas del Linaje de Segovia: continuadas por espacio de seiscientos años, debida a Juan Román y Cárdenas, al igual que sucede en la Historia de la Casa de Mondéjar, en la que también pueden encontrarse algunos datos biográficos del propio autor (Libro V, capítulo 37), aunque, en realidad, la parte principal corresponda a la administración de dicha Casa, que casi siempre vivió en precaria situación económica, debido al retraso del cobro de las rentas señoriales, lo que hizo que las obras de mecenazgo por ella financiadas fuesen mucho menos numerosas que las llevadas a cabo por sus antepasados, durante el siglo XVI pero, aun así, mandó realizar dos retablos colaterales para la iglesia de Mondéjar, la portada del coro, el inicio de las obras de la ermita de San Pedro, así como el dorado de su retablo, etcétera. 

Durante la Guerra de Sucesión, don Gaspar reconoció como rey a Felipe V, a cuyo juramento asistió en la iglesia de San Jerónimo, de Madrid, dedicándole además su Crónica del Rey don Alonso VIII llamado el noble, terminada en 1703, en la que exalta la unión de la corona española con la casa de Borbón.
Poco después fallecería y fue enterrado en el convento de San Francisco, habiendo dejado un testamento muy apresurado en su redacción, datado en agosto de 1707 –del que García López publica un traslado- , lo que hace pensar que don Gaspar se refugió en dicho convento, huyendo de las tropas austracistas. 

Desde entonces, como casi siempre había ocurrido, sus ascendientes permanecerían en la sombra hasta la pérdida de la línea de los Ibáñez de Segovia en la titularidad de los marqueses de Mondéjar.

El segundo capítulo consiste en un análisis de la obra y de lo que ésta significó para la renovación historiográfica a la que tanto contribuyó Ibáñez de Segovia, especialmente a través  de la Historia…, dejando de lado las obsoletas historias barrocas adánicas, basadas las más de las veces en fábulas extendidas gracias a los falsos cronicones (y amparadas en muchos casos por las castas políticas, que solían identificarse con ellas), utilizando en su lugar documentos fehacientes en los que apoyarse (cuya consulta y transcripción tienen hoy gran importancia e interés, puesto que, en muchos casos, se han ido perdiendo), para lo que eran necesarios amplios conocimientos de paleografía, además de estar al día sobre las nuevas corrientes historiográficas que, desde hacía relativamente poco, se empleaban en el resto de Europa, con el fin de aplicarlas en España. Sin olvidar la información contenida en multitud de fuentes, editadas e inéditas. 

En este mismo capítulo se incluye el Catálogo de los manuscritos de la biblioteca del palacio de Mondéjar que poseía don Gaspar Ibáñez de Segovia (1708), cuya biblioteca, confiscada por Felipe V en 1708, estaba compuesta por 5.903 volúmenes, de los que 121 eran manuscritos, y que llegó a publicar don Gregorio de Andrés: La bibliofilia del marqués de Mondéjar (1708) y Biblioteca manuscrita, además de una importante colección de 32 retratos de los sucesivos marqueses de Mondéjar.
En el tercer capítulo da a conocer el auge y posterior decadencia de la nobleza en la Edad Moderna, uno de cuyos mejores ejemplos fue, precisamente, en la Casa de Mondéjar, aunque, a pesar de su progresiva decadencia, Ibáñez de Segovia se propusiese la exaltación de sus miembros, quizá la más importante de las de la saga mendocina, dando a conocer sus numerosas posesiones señoriales y las obras que patrocinaron, sobresaliendo entre todos ellos don Luis Hurtado de Mendoza, II marqués de Mondéjar, puesto que el primero se centró en la recién conquistada Granada y en Tendilla. 

Sabemos que fueron patrocinadores de numerosas obras arquitectónicas, entre ellas el castillo, de Valfermoso de Tajuña; el convento de Santa Ana, de Tendilla; el hospital de Santa Catalina, en la misma población; el convento de San Antonio, en Mondéjar, así como la ermita de San Sebastián y su propio palacio, además del hospital de San Juan y el recinto amurallado, y la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, de Aranzueque, llegando a convertirse también en protectores de los moriscos durante la sublevación de 1569 que, en muchas ocasiones, vivieron en sus estados alcarreños.
Evidentemente, nuestro autor se guarda para sí, ocultándolos, algunos hechos familiares que no le interesaba airear, como sucedió con la nefasta política empleada por el III marqués durante la rebelión de los moriscos y en el desempeño de su cargo como virrey de Nápoles; ni la mala cabeza del IV Mondéjar, que le costó la prisión, por orden de Felipe II, al querer aplicar la justicia por su mano.

Finaliza esta primera parte con una amplia bibliografía general consistente en materiales de archivo, manuscritos y libros consultados.

La segunda parte corresponde a la edición del precitado manuscrito (páginas I-CDXIII), a la que se le ha añadido un amplio índice –inexistente en el manuscrito original- con el fin de localizar fácilmente los diferentes libros, capítulos y párrafos en que se divide la obra: siete libros en total, el primero con VIII capítulos, que trata sobre el origen del apellido Mendoza y sus armas primitivas; don Pedro González de Mendoza y su sucesión; don Diego Hurtado, I Señor de Tendilla y su sucesión, y don Íñigo López de Mendoza y noticia individualizada de sus hijos; el segundo con XXIX, dedicado a exponer la vida del I conde de Tendilla; el tercero, con LVI capítulos, se refiere al I marqués de Mondéjar y II conde de Tendilla; el cuarto, con XXVII, al II marqués de Mondéjar; el quinto, de XXXIV, al III marqués de Mondéjar; el sexto, que consta de XVII capítulos, contiene la vida, acciones y servicios de don Luis Hurtado de Mendoza, V marqués y, el séptimo, el más corto, con IX, que se destina a dar a conocer la vida de los hijos del III marqués de Mondéjar, así como de los V a IX marqueses, sus sucesores. Las dieciséis últimas páginas, con las que concluye tan formidable libro, constituyen un álbum fotográfico de los principales lugares que pertenecieron al señorío de los Mondéjar, fundamentalmente de las obras arquitectónicas arriba mencionadas, de las que fueron promotores y mecenas. 

Desde nuestro punto de vista se trata de una obra de gran importancia para el conocimiento a fondo –y de primera mano-, de muchos aspectos de la saga mendocina hasta ahora no muy conocidos, es decir, por sacar a la luz pública y divulgar una obra de estas características, que sólo ha sido posible llevar a cabo gracias al mecenazgo de la citada Federación de Asociaciones para el Desarrollo Territorial del Tajo-Tajuña, dado su alto coste.

De la edición del volumen, que ha corrido a cargo de Editores del Henares, de Guadalajara, decir que es sencillamente extraordinaria: gran tamaño, pastas duras con sobrecubierta a color, perfecta selección de los papeles empleados y su color, perfecta encuadernación, selección de los tipos utilizados tanto para los textos como para las notas a pie de página –que permiten una lectura relativamente cómoda a pesar de su interlineado-, etcétera.

José Ramón López de los Mozos

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